Hoy ha nacido el pequeño Owen Keenlyside, el primer hijo de Simon Keenlyside, mi barítono favorito, y su esposa, la bailarina Zenaida Yanowsky. ¡Tiene que ser una preciosidad!. Contando con tan buena genética seguro que aprenderá a reirse en si bemol. ¡Y qué nanas le cantarán!
Dedicado a él, con todo cariño, este lied de Schubert cantado por Elizabeth Schwarzkopf.
Aphra Behn fue la primera escritora inglesa que podríamos llamar "profesional". Aunque es una escritora poco conocida, en su época gozó de gran popularidad y sus restos reposan en la Abadía de Westminster, junto a no pocos ingleses ilustres. Aphra Behn escribió una obra teatral llamada "Abdelazer" o "la venganza del moro" en la misma época en que uno de los más grandes compositores ingleses, Henry Purcell, componía música incidental para teatro.
Purcell, en el último año de su corta vida, compuso una serie de piezas musicales para acompañar la puesta en escena de "Abdelazer". Entre ellas se encuentra su famoso Rondó.
Esta pieza de aparente sencillez, ha sido transcrita para varios instrumentos, entre ellos la guitarra. Su belleza parece exaltarse en las cuerdas del maestro Andrés Segovia.
Cuando en el año 1946 el compositor inglés Benjamin Britten compone su "Guía orquestal para jóvenes", toma el rondó del Abdelazer de Purcell como tema a desarrollar en ella. El nombre original de esta obra de Britten es "Variaciones y fuga sobre un tema de Purcell, op. 34" y fue concebido como acompañamiento para una película didáctica sobre la orquesta, sus secciones e instrumentos, que publicaría la BBC. Britten preparó la obra de forma que pudiera ser interpretada con narrador o sin él, según sirviera a su finalidad didáctica o no. En la obra de Britten se sigue un esquema sencillo en el que aparece el tema de Purcell interpretado en primer lugar por toda la orquesta, para ser presentado posteriormente por la sección de maderas, metales,cuerdas, y percusiones, en ese orden.
Después se presentan variaciones sobre el tema, interpretadas por cada instrumento orquestal. Y finalmente, Britten "reconstruye" nuevamente el tema y la orquesta en una gran fuga final en la que cada instrumento "entra" en el mismo orden de las variaciones, apareciendo el tema de Purcell en los metales poco antes de la coda. Siempre me ha gustado este tema de Purcell, que conocí en principio por la obra de Britten. La guía completa a modo de audiovisual, ha sido montada en vídeo por D. Isidro Vidal Uraga, y la expongo seguidamente para que la podais disfrutar igual que yo.
Y nada importa ya que el vino de oro rebose de tu copa cristalina, o el agrio zumo enturbie el puro vaso... Tú sabes las secretas galerías del alma, los caminos de los sueños, y la tarde tranquila donde van a morir... Allí te aguardan las hadas silenciosas de la vida, y hacia un jardín de eterna primavera te llevarán un día.
Un poema de Antonio Machado y el Romance para violín de Beethoven ¡marchando! para mi amiga Iswar, que está (sólo un poco) alicaída y dejemos que Weto toque en directo tu "Für Elise".
María Pagés ha presentado, en la Bienal de Flamenco, su nuevo espectáculo "Autorretrato". Fui a verla el sábado pasado al Teatro de la Maestranza.
Dedicó la función al maestro Mario Maya, fallecido esa misma mañana, con una ovación sentida de artistas y público y un minuto de silencio.
El comienzo del espectáculo, inmediato, fue conmovedor, imponente, de tal manera que al terminar la soleá del espejo, todo el teatro se volcaba en aplausos y hay que decir que el público en la Bienal no suele entregarse a la primera. Fue impactante ese baile solitario, acompañado del reflejo en el espejo.
La música del espectáculo, intimista, refinada y sutil, nos transportaba de la mano flamenca de María a la profunda sonoridad del violonchelo, a las palabras solas, al cante sin más, a la guitarra. Qué placer disfrutar la solidez de Batio Hangonyi al cello más sensible. Qué placer ver cómo ondula María Pagés los versos de Saramago entre sus brazos de almendro:
"Ergo uma rosa, e tudo se ilumina
como a lua não faz nem o sol pode:
Cobra de luz ardente e enroscada
Ou vento de cabelos que sacode.
Ergo uma rosa, e grito a quantas aves
O céu pontuam de ninhos e de cantos,
Bato no chão a ordem que decide
A união dos demos e dos santos.
Ergo uma rosa, um corpo e um destino
Contra o frio da noite que se atreve,
E da seiva da rosa e do meu sangue
Construo perenidade em vida breve.
Ergo uma rosa, e deixo, e abandono
Quanto me dói de mágoas e assombros.
Ergo uma rosa, sim, e ouço a vida
Neste cantar das aves nos meus ombros".
Sabemos bien que María Pagés puede bailar cualquier música sin perder su compostura flamenca, pero hay que descubrirse al verla bailar un poema. Cuántas veces hemos hablado Weto y yo sobre la música en la poesía. Todo lo hablado, querido Weto, se prende en el arte imposible de los brazos de María Pagés.
Paul Valéry ubicaba la dificultad de la poesía en encontrar palabras que fueran al mismo tiempo música por si mismas y música por analogía, y pienso que, vencida la dificultad por el poeta, los versos mismos son melodía bailable. Lo he visto.
Excepcional la iluminación; ¡cuánto gana el espectáculo con "esa luz" de Pau Fullana!. La compañía, sólida y compacta en la técnica y la expresión del sentimiento. El vestuario, exquisito. Pero la música...es el todo.
Os dejo con la "Farruca" de Isaac Muñoz. Yo lo escuché en guitarra y cello. Sublime.
Henry Miller publicó en 1952 "Los libros en mi vida".
En esta obra se encuentra todo lo fundamental. La considero la mejor guía de literatura que se haya fabricado hasta el momento, la visión más real, la visión más emocional, la crítica certera.
Son muchos los libros comentados por el autor, pero hoy quiero compartir con vosotros su impresión sobre otro de mis libros favoritos, "Cartas a Theo" de Vincent van Gogh.
"El factor más importante en la apreciación de cualquier arte es la práctica de ese arte. Están la maravilla y la embriaguez del niño cuando encuentra por primera vez el mundo de los libros; están el éxtasis y decepción de la juventud cuando descubre a sus “propios” autores; pero más que todo esto, porque combinadas con ellas hay otros elementos más permanentes y turbadores, están las percepciones y reflexiones de un ser maduro que ha dedicado su vida a la labor de la creación. Leyendo las cartas de Van Gogh a su hermano, nos llama la atención la vasta meditación, análisis, comparación, adoración y crítica que hiciera en el curso de su breve y frenética carrera como pintor. Esto no es infrecuente entre los pintores, pero en Van Gogh adquiere proporciones heroicas. Van Gogh no solamente miraba la naturaleza, la gente y los objetos, sino también los lienzos de otros, estudiando sus métodos, técnicas, estilos y enfoques. Reflexionaba larga e intensamente sobre lo que observaba, y estos pensamientos y observaciones penetraban en su trabajo. No fue otra cosa que un primitivo o un “fauve”. Como Rimbaud, estaba a punto de ser “un místico en estado salvaje”. No por accidente en absoluto elijo un pintor y no un escritor para ilustrar lo que digo. Sucede que Van Gogh, sin haber tenido ninguna pretensión literaria, escribió uno de los más grandes libros de nuestro tiempo, y sin saber que estaba escribiendo un libro. Su vida, según la apreciamos en sus cartas, es más reveladora, más conmovedora, más obra de arte, diría, que la mayoría de las famosas autobiografías o novelas autobiográficas. Nos habla sin reservas de sus luchas y pesares, sin ocultarnos nada. Despliega su raro conocimiento del oficio del pintor, aunque es aclamado más por su pasión y su visión que por su conocimiento del medio. Su vida, donde expone con claridad el valor y el significado de la dedicación, es una lección para todos los tiempos. Van Gogh es simultáneamente —¡qué pocos son los hombres de los cuales podemos decir esto!— el humilde discípulo, el estudiante, el amante, el hermano de todos los hombres, el crítico, el analista y el hacedor de buenas acciones. Puede que haya sido un obseso o un poseído, pero no era un fanático que trabajaba en la oscuridad. Poseyó, ante todo, esa rara facultad de ser capaz de criticar y juzgar su propia obra. Demostró, en efecto, ser mucho mejor crítico y juez que aquellos cuya ocupación es lamentablemente criticar, juzgar y condenar."
“Iba caminando con dos amigos por el paseo. El sol se ponía. El cielo se volvió de pronto rojo. Yo me paré. Cansado me apoyé en una baranda.
Sobre la ciudad y el fiordo oscuro azul no veía sino sangre y lenguas de fuego .
Mis amigos continuaban su marcha y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo...y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza".
En estas notas, escritas por Munch en 1886, recuerda, el pintor, el instante en que concibió la idea que daría origen a su famosa obra, "El Grito".