martes, 16 de septiembre de 2008

EL GRITO



“Iba caminando con dos amigos por el paseo. El sol se ponía. El cielo se volvió de pronto rojo. Yo me paré. Cansado me apoyé en una baranda.
Sobre la ciudad y el fiordo oscuro azul no veía sino sangre y lenguas de fuego .
Mis amigos continuaban su marcha y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo...y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza".
En estas notas, escritas por Munch en 1886, recuerda, el pintor, el instante en que concibió la idea que daría origen a su famosa obra, "El Grito".

jueves, 11 de septiembre de 2008

DON GIOVANNI AT THE ROH




Sólo en una ocasión anterior había escuchado a Simon Keenlyside.

Fue en mi primera ópera: Don Carlo en el Teatro Real, en el año 2005.
Encarnaba en aquella ocasión el rol de Rodrigo (el marqués de Posa).
Me mantuvo en vilo durante toda la representación y al concluir la escena de su muerte en brazos de Don Carlo, sin poder contener las lágrimas, salté de mi asiento para gritarle un ¡¡Bravo!! a modo de duetto con mi vecina de asiento (una chica italiana, según recuerdo). Aún ahora escribo estas palabras con el recuerdo emocionado de su voz mágica y su presencia magistral. Nunca podré olvidarlo.



Cual no sería mi sorpresa al ver que sería precisamente ¡¡ÉL!! quien diera vida al Don Giovanni de Mozart en esta representación que me ha llegado como regalo del cielo.
No puedo decir más que ¡¡maravilloso!!. Qué deleite para el oído y ¡para la vista!.

En la obra se lucieron voces magníficas (Ramón Vargas, exquisito!! y Joyce DiDonato imponente en algunos momentos), pero la puesta en escena de este magnífico actor-cantante es digna de ser disfrutada una y mil veces.
El dúo protagonista Don Juan-Leporello, interpretado por Keenlyside y Kyle Ketelsen, impresionó profundamente al público (sobre todo a mi, es obvio). Ketelsen, de presencia imponente y grandes dotes de actor-cantante, llenaba el escenario con su voz inmensa y su magnífica interpretación.

Merece la pena abrir este enlace y escucharlo un instante en su "madamina, il catalogo é questo": http://www.kylek.net/Kyle%20Ketelsen%20-%20Madamina.mp3

Siempre he pensado que la ópera es el espectáculo TOTAL. Un despliegue absoluto de belleza visual y sonora, que amplía el disfrute a otros sentidos. Por ello considero de importancia esencial la "presencia" de los cantantes. Porque su interpretación teatral ha de estar a la altura, como poco, de su interpretación y calidad vocal.
Simon Keenlyside ha encarnado en su Don Giovanni todo el magnetismo del "eterno masculino". La belleza, la virilidad, la sensualidad, la elegancia conviven en su interpretación con la depravación, la soberbia, la prepotencia y el instinto animal del Don Juan más perfecto que jamás haya visto o escuchado. ¡Qué gran actor! ¡Qué gran cantante!.

En todos los sentidos, señor Keenlyside, tiene usted un 10.
Para ver y aprender más sobre Simon Keenlyside podemos visitar su página: http://www.simonkeenlyside.info/

Ambos barítonos (no es porque sea mi tesitura favorita, no...) recrearon un festín para los cinco, los seis o los siete sentidos, si se pueden percibir como tales, los placeres que nos puede otorgar la belleza absoluta.
¡¡¡Qué maravilla!!! Y aún podemos acercarnos al Royal Opera House a verlos los días 12, 15 y 18 de este mes...Dios...¿¿Cómo consigo avión, hotel y entrada para este sábado???.
Definitivamente adoro a Simon Keenlyside (y no es porque a ratitos se parezca a JosefK...que también tiene mandanga el asunto...).

miércoles, 10 de septiembre de 2008

UN RINCÓN EN EL PARAÍSO


Lo he estado pensando, madurando, rumiando, sopesando durante años y realmente no ha sido tan difícil decidirse.
¡¡¡Al fín!!! me he comprado el abono a la temporada de ópera.

Tengo entradas para Doktor Faust en octubre, Giulio Cesare en noviembre, Tancredi en febrero, La fanciulla del west en marzo y el esperado Tristán en mayo.
Me siento como en la más infantil mañana de Reyes :) Feliiiiiiiiiiiiiiiiiizzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Autorregalos así alegran el transcurrir de los días. ¡¡Hace falta tan poco para hacer feliz a una mariposilla!!.
Todo es cuestión de encontrar, más pronto que tarde, un rinconcillo en el paraíso.



martes, 2 de septiembre de 2008

PARACELSO



Quien no conoce nada, no ama nada.
Quien nada sabe, nada entiende. Pero quien entiende, también ama, observa, ve...

Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor.

Todo estriba en el conocimiento. De él nace todo fruto.

sábado, 23 de agosto de 2008

Prokofiev, Sting y el teniente Kijè

Al releer los "Cuentos extraños" de Ivan Turgueniev me he parado a pensar en la imagen que en esta parte norte del Sáhara tenemos de los "rusos". Y como un tifón me arrastran las pinturas de Kandinski, de Soutine, de Chagall, los poemas de Esenin, los relatos de Chejov, Dostoievski y Tolstoi, la música de Tchaikovsky, Rachmaninov, Scriabin, Prokofiev, Stravinsky, Shostakovich, mientras bailan Nureyev, Nijinsky...
Cuánta belleza en un instante, sólo pensando en el concepto laxo que tengo de "Rusia", que no se corresponde con exactitud a la limitación geográfica o al contexto histórico, sino a una idea afectiva y extensa de lo "eslavo".
Abrir la caja "Rusia" es entrar en el país de las fantasías artísticas, dejando a un lado las circunstancias políticas o sociales de la historia o el devenir actual del país.
Me decía Weto, hace años, mientras comentábamos "Prospettiva Nevski" de Battiato, que en esa canción se traducía la imágen que un europeo meridional podía tener de lo ruso, de lo eslavo. Una expresión de la emoción que provoca el recuerdo de tan grandiosa producción artística. Y estoy completamente de acuerdo con él.
He recordado a Sting, cantando "Russians". En los años ochenta, en plena guerra fría, el poema que da letra a la canción no pasó inadvertido y despertó polémica en todos los sectores. Pero ahora, cuando ya no es tan vívido el sentimiento angustioso que la animaba, ni el mensaje que nos transmitía, nos queda la música.
Sting se basó en una obra de Sergei Prokofiev para crear la música de esta canción.
Hoy me he entretenido en buscar la composición original. Se trata de la Suite Op. 60 "Teniente Kijé", concretamente del segundo movimiento llamado "Romance".

Y ahora "Russians":

viernes, 22 de agosto de 2008

FLAMMARION


« ¿Qué es entonces esta bóveda azul, que ciertamente existe y nos impide ver las estrellas durante el día?. »

martes, 19 de agosto de 2008

En el principio estaba Bach, el único.


Allá por el año 1978 emitían en TVE un programa llamado "Parlamento". Creo recordar que lo veía los sábados por la mañana después de la sesión infantil. El espacio trataba sobre el Congreso y el Senado y sus novedades, reservando un espacio final para presentar a un senador o un congresista en su vida cotidiana. La temática del programa en cuestión no parecía especialmente atractiva para los infantes que veían truncada la sesión matinal con las imágenes de tan serios señores en sus serios quehaceres, pero ese programa tenía algo maravilloso, la música de cabecera.


Todos los sábados esperaba con ansia escuchar esa música, para mi totalmente desconocida. Durante años me mantuve expectante ante cualquier noticia que pudiera conseguir sobre esa pieza musical o su autor, hasta que dos años después, de pura casualidad en el colegio, escuché un fragmento de unos segundos de esta pieza que pude identificar inmediatamente. Mi profesora de música, no muy docta en la materia, sólo pudo decirme que era de Bach.


Con los ahorros de mi cumpleaños fui, acompañada por dos amigas, a la única tienda de música clásica que había en mi ciudad en aquella época (ahora creo que no hay ninguna), y como pude, expliqué al encargado lo poco que sabía de la pieza musical que estaba buscando. Me preguntó con muchísima paciencia sobre su duración, si era una pieza vocal o instrumental, si predominaba algún instrumento... Entonces escogió un disco y fue pinchando una a una todas las piezas del vinilo. Tras un sinfín de pruebas la encontré. Era la Badinerie de la Obertura-Suite orquestal número 2 de Johann Sebastian Bach y llegado este punto me dio una risa floja que me saltaba las lágrimas. El disco, de la casa Supraphon con el director Milan Munclinger al frente de Ars Rediviva, me costó setecientas pesetas, y lo cargué hasta mi casa como la joya que era. Lo puse tantas veces que mis hermanos e incluso mi padre en cuanto terminaba una pieza ya silbaban el comienzo de la siguiente. Asumo el mérito de haberles implantado en el cerebro de por vida la suite orquestal nº 2 de Bach, aunque hasta el momento no me lo han agradecido.


Han pasado muchos años pero el divino Bach se muestra imponente como el primer día, en todas sus obras grandiosas y en estas pequeñas maravillas.


Gracias por mi Badinerie. Gracias, Bach