
María Pagés ha presentado, en la Bienal de Flamenco, su nuevo espectáculo "Autorretrato". Fui a verla el sábado pasado al Teatro de la Maestranza.
Dedicó la función al maestro Mario Maya, fallecido esa misma mañana, con una ovación sentida de artistas y público y un minuto de silencio.
El comienzo del espectáculo, inmediato, fue conmovedor, imponente, de tal manera que al terminar la soleá del espejo, todo el teatro se volcaba en aplausos y hay que decir que el público en la Bienal no suele entregarse a la primera. Fue impactante ese baile solitario, acompañado del reflejo en el espejo.
La música del espectáculo, intimista, refinada y sutil, nos transportaba de la mano flamenca de María a la profunda sonoridad del violonchelo, a las palabras solas, al cante sin más, a la guitarra. Qué placer disfrutar la solidez de Batio Hangonyi al cello más sensible. Qué placer ver cómo ondula María Pagés los versos de Saramago entre sus brazos de almendro:
"Ergo uma rosa, e tudo se ilumina
como a lua não faz nem o sol pode:
Cobra de luz ardente e enroscada
Ou vento de cabelos que sacode.
Ergo uma rosa, e grito a quantas aves
O céu pontuam de ninhos e de cantos,
Bato no chão a ordem que decide
A união dos demos e dos santos.
Ergo uma rosa, um corpo e um destino
Contra o frio da noite que se atreve,
E da seiva da rosa e do meu sangue
Construo perenidade em vida breve.
Ergo uma rosa, e deixo, e abandono
Quanto me dói de mágoas e assombros.
Ergo uma rosa, sim, e ouço a vida
Neste cantar das aves nos meus ombros".
Sabemos bien que María Pagés puede bailar cualquier música sin perder su compostura flamenca, pero hay que descubrirse al verla bailar un poema. Cuántas veces hemos hablado Weto y yo sobre la música en la poesía. Todo lo hablado, querido Weto, se prende en el arte imposible de los brazos de María Pagés.
Paul Valéry ubicaba la dificultad de la poesía en encontrar palabras que fueran al mismo tiempo música por si mismas y música por analogía, y pienso que, vencida la dificultad por el poeta, los versos mismos son melodía bailable. Lo he visto.
Excepcional la iluminación; ¡cuánto gana el espectáculo con "esa luz" de Pau Fullana!. La compañía, sólida y compacta en la técnica y la expresión del sentimiento. El vestuario, exquisito. Pero la música...es el todo.
Os dejo con la "Farruca" de Isaac Muñoz. Yo lo escuché en guitarra y cello. Sublime.